LA TIRANIA DE LOS MEDIOS

Por: Rando Santos

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En los años que duró el régimen fascista alemán Joseph_Goebbels el siniestro artífice de la propaganda nazi, tenía una máxima: «Una mentira, repetida muchas veces, se convierte en verdad» Esto fue llevado a la práctica usando todos los medios disponibles en aquel entonces. El resultado fue que la abrumadora mayoría del pueblo germano (según ellos la raza aria) se creyera superior, y con derecho a gobernar al mundo. Tal ideología, lejos de perder fuerza, renace y se propaga dentro y fuera de ese país. Ahora sería bueno preguntarse: ¿qué hubiera pasado si hubiese tenido acceso a la televisión y la internet?

Los que arribamos al siglo XXI, entramos (entiéndase el mundo desarrollado) a la era de la imagen. Cada día somos bombardeados con una avalancha de información, en su mayoría visual, destinada sobre todo a inducir en nosotros determinada acción, o modo de pensar. A menudo esta influencia se trasmite por vía subliminal, es decir, empaquetada de tal modo que pase inadvertida por delante de nuestra aduana-conciencia, para alojarse en el subconsciente, de donde parten, al fin y al cabo, nuestros impulsos primarios. La idea de quien adquiere una TV, o consigue acceso a la red, es que ha ganado en libertad, entendiendo esta como la posibilidad de hacer (ver, escuchar) lo que desea, aunque ello implique tragarse ‘entre col y col una lechuga’. Muy pocos imaginan la enorme y bien engrasada maquinaria que se mueve tras una pantalla, un diario, o un sitio web. Si alguien pudiera seguir el hilo en este laberinto hasta el principio llegaría, en altísimo porciento, hasta el gran capital. Descubriría con horror que tras bambalinas un reducido grupo de magnates mueven los hilos de los medios de comunicación, y estos a su vez, tiran de la opinión popular. Los medios nos informan o desinforman, en dependencia de los intereses de quienes los controlan. Pueden hacer que alguien sea aclamado por la multitud, y cuando esta persona no les convenga, echar por el suelo su reputación. Pueden incitar a la gente a volcarse a las calles, o adormecerla con silencio informativo y mucho entretenimiento. Pueden fomentar una ideología, un estilo de vida, así como patrones de moda y conducta. Resulta vergonzoso que hoy se invierta más dinero en propaganda comercial y política que el cuidado del medio ambiente, sobre todo cuando nos aproximamos al punto de no retroceso en cuanto al cambio climático, algo que sin duda nos afectaría a todos. Mañana usted podría estar comprando algo que estaba fuera de sus planes, y probablemente no necesita; esto porque mordió el anzuelo de la publicidad. Y es que en los spots se apela a las debilidades humanas como el sexo, la vanidad, o el deseo de ser importante, para montar a la gente en el potro desbocado del consumismo. Para ello no se escatimará nada, incluso el soborno a científicos y especialistas para que emitan criterios a favor (o en contra) de algo. Miles correrán a las tiendas tan solo porque una estrella del fútbol declaró usar determinada marca de ropa. La manipulación es casi siempre sutil, pero manipulación al fin, y todo aquello que le roba al ser humano la capacidad de decidir por sí mismo es tiranía, y bajo la tiranía no existe libertad plena. No pocos asesinos declararon haberse motivado viendo películas del tema, muchos violadores fueron alentados por la pornografía, así como los soldados del mañana, matan hoy sus primeros árabes en los juegos 3D. Muchas personas, durante años, han estado actuando (o pensando) como han querido, pero sin saber que lo han hecho justo como alguien (con mucha influencia, dinero, o poder) lo ha predeterminado. De modo que no es del todo libre quien hace lo que quiere, sino quien tenga la facultad de escoger aquello que en verdad es justo (o le conviene), aunque no le resulte placentero.

Una buena receta para sacudirnos la tiranía de los medios es no aceptar tácitamente lo que se dice, pues no es aconsejable formarse un criterio (que podría empujarnos a la acción) tan solo con una versión de los hechos, por lo general parcializada. Es bueno leer, indagar en fuentes alternativas, y sobre todo preguntarnos en todo momento quién se beneficia con determinada situación; note como los peritos llegan hasta los culpables siguiendo esta sencilla pista. La persona inteligente determina lo necesario y lo urgente, y se traza luego un plan para conseguirlo, sin permitir que nada la desvíe de su propósito. Es razonable abstenernos de actuar o emitir criterios sin haber reflexionado antes, así como seleccionar materiales educativos y cimentar nuestro intelecto con lo mejor de la cultura universal.

Existen valores que deben ser preservados, y muchas veces los medios tratan de ridiculizar, como la honestidad, la solidaridad, o ser laborioso. Y debemos comenzar con nuestros hijos, hoy mas vulnerables que nunca. Hasta en los ‘inofensivos’ animados de Timón y Pumba de Disney hay toda una concepción de la vida cuando afirman «sin preocuparse, es como hay que vivir» ¿Qué tipo de sociedad construiríamos para el futuro si prevaleciera la filosofía del Jacuna Matata , donde nadie se preocupe por nada, fuera de comer o divertirse? Nos tocaría a nosotros ayudarlos a descubrir las mejores virtudes y a desechar lo superfluo, interesarnos por lo que oyen o ven sin violentar sus espacios. Los medios pueden influirnos para bien o para mal, pero es nuestra la decisión de actuar con entera libertad, o convertirnos en marionetas. Tampoco la solución está en quejarse. Diría que San Agustín la vislumbró hace siglos: «No nos quejemos de los tiempos, nosotros somos el tiempo; seamos mejores, y los tiempos serán mejores».

Source: https://www.linkedin.com/pulse/la-tirania-de-los-medios-rando-santos/

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